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OPINIÓN

La gran oportunidad del ecosistema legaltech en 2026

05 de febrero de 2026

Canal de noticias de Asuntos Legales

La queja constante de los socios de las firmas de abogados en Colombia es que la tecnología legal de punta que se crea en el exterior “no entiende la minucia del derecho en Colombia". Y la verdad es que los socios tienen razón, pero su diagnóstico es incompleto. El problema no es la falta de oferta, sino que los grandes despachos han asumido un rol pasivo de compradores de licencias, esperando que una startup en Silicon Valley o un proveedor local adivine mágicamente sus dolores operativos. La realidad es que la innovación jurídica no ocurre por generación espontánea; se fabrica, y en Colombia tenemos los elementos desconectados.

Si miramos a la banca colombiana, la lección es evidente. Las grandes entidades financieras no esperan sentadas a que llegue la solución; lanzan desafíos de innovación abierta, hackathons y laboratorios con universidades. Ponen sobre la mesa un problema real (ej. fricción en pagos, riesgo crediticio), ofrecen un incentivo económico o un contrato piloto, y abren sus datos (anonimizados) para que el talento externo proponga soluciones. El retorno es doble: obtienen prototipos rápidos a una fracción del costo de desarrollo in-house y reclutan a los mejores cerebros antes que la competencia.

Las firmas de abogados, en cambio, suelen encargar sus ineficiencias a comités internos que mueren en la burocracia del día a día. Sin embargo, los despachos están llenos de problemas "listos para hackathon": la gestión de miles de tutelas repetitivas en salud, la auditoría masiva de contratos en SECOP II, o la trazabilidad de versiones en transacciones complejas de M&A.

Para entender cómo destrabar esto, vale la pena observar, con las debidas reservas y salvando las distancias de contexto, la estructura de la Unidad 8200 en Israel. Más allá de las controversias geopolíticas, su éxito como incubadora de tecnología global (creadora de empresas como Waze o Check Point) se basa en una premisa estructural simple: tomar talento joven y brillante, y motivrlos a resolver problemas de misión crítica bajo presión real. En el mundo civil, la única institución que tiene esos "problemas reales" es la firma de abogados.

La oportunidad para el sector legal colombiano está en forjar una alianza operativa con la academia. No se trata de enviar a los abogados a aprender programación, zapatero a tus zapatos, sino de crear espacios donde estudiantes de derecho e ingeniería trabajen juntos. Imaginen un "Reto de Innovación Legal" semestral donde una firma pone el caso de uso, la mentoría de un socio y los incentivos económicos, y la universidad pone la capacidad técnica. El resultado no es un paper académico, es un Producto Mínimo Viable (MVP) que resuelve un dolor real de la firma.

La invitación para los managing partners en este 2026 es pragmática: dejen de ver a las universidades solo como cantera de abogados junior y empiecen a verlas como socios de I+D. La próxima gran herramienta de su firma no llegará en una caja lista para usar desde Silicon Valley o New York; está esperando a que ustedes definan el problema y financien el espacio para que el talento local la construya. Dejar de ser consumidores pasivos para convertirse en arquitectos de su propia infraestructura tecnológica es la única ventaja competitiva sostenible.

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